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Entre Asia y EuropaZigor Aldama
November 17 Minorías étnicas en China (Publicado en VOCENTO el 17-11-2008)¿Son todos los chinos iguales? No todos los chinos son iguales. 56 etnias conviven en el Gran Dragón, aunque las minorías no han subido al tren del superdesarrollo.
Zigor Aldama - Shanghai
‘Travelogue’ es uno de los espacios televisivos con más tirón de CCTV 9, el único canal en inglés de la emisora estatal china. Programa tras programa, los presentadores del espacio cultural, en su totalidad chinos de la etnia mayoritaria Han, visitan los rincones más recónditos del país en busca de gente ‘exótica’. Como si de un turista occidental se tratara, los conductores del programa se acercan al complejo mosaico que dibujan las minorías étnicas en China con el interés de aquél que visita un zoológico. “Qué curioso es esto... ¿Cómo es posible que aún vivan así?...”. La cadena pone especial empeño en explicar los esfuerzos del gobierno por desarrollar la economía de estas etnias y mejorar sus infraestructuras. Sin embargo, es evidente una gigantesca brecha entre los Han y los miembros de las 55 minorías étnicas que habitan los más de nueve millones de kilómetros cuadrados de China. Las preguntas asaltan: ¿por qué estos grupos han quedado fuera del imparable crecimiento económico de los Han? ¿Por qué existen dos siglos de diferencia entre una gran urbe como Shanghai y las zonas rurales de la provincia de Yunnan, habitada por etnias minoritarias? Las razones son muchas, y complejas.
Lógicamente, como todos los medios de comunicación del país, CCTV (China Central Television) está bajo el férreo control del gobierno comunista, y sus contenidos pasan tanto por la autocensura de los propios periodistas como por el control de un cuidadoso buró. No es de extrañar, por lo tanto, que los espectadores sepan poco sobre las aspiraciones independentistas de Xinjiang y Tibet y que, para la mayoría, el problema de estas dos regiones extremas tenga que ver con el terrorismo, y no con razonamientos culturales o históricos. Un hecho que lleva a la mayoría de los Han a ver a las minorías étnicas con cierto recelo. Wei Xiang, ciudadana de la capital, Pekín, expresa el sentir general de los Han: “Si el Gobierno gasta tanto dinero en mejorar las condiciones de vida de los grupos minoritarios que, además, cuentan con privilegios extra, ¿por qué causan tantos problemas a nuestra patria? Necesitamos estabilidad para proseguir con el crecimiento económico, y las minorías étnicas son un lastre para esa meta”.
Tanto CCTV como el resto de la prensa hace hincapié en los planes gubernamentales para desarrollar zonas como Yunnan, Mongolia Interior, Tíbet o Xinjiang. Proyectos de enormes autopistas, centrales nucleares, urbanizaciones espectaculares y un largo etcétera que poco tiene que ver con las peculiaridades culturales de los grupos étnicos que habitan estas regiones. “El Gobierno es muy eficaz en la consecución de sus planes macroeconómicos, pero no sabe cómo tratar los problemas que afectan a las personas, a los individuos”, apunta Koen Varnomelingen, Director de Nutrición, Salud y Educación de UNICEF en China. “El PCC sabe poco de mano izquierda y mucho de mano dura”.
Pros y contras
No hay más que caminar por cualquier poblado de Yunnan para darse cuenta de que las minorías étnicas que habitan en China tienen poco que ver con la mayoría Han. Tampoco es difícil darse cuenta de algunos privilegios con los que cuentan. Las calles sin asfaltar de los pueblos están llenas de vida. Decenas de niños habitan las pequeñas casas de bambú y paja que salpican los bosques tropicales, escenas imposibles de encontrar en zonas donde sólo habitan Han. La política de ‘un solo hijo’ no es aplicable a las minorías étnicas, “un factor que, sin duda, ayuda a que no desaparezcan”, apunta Varnomelingen.
Las minorías étnicas también tienen más facilidades a la hora de acceder a la educación de tercer grado, argumentan los Han. “Pero eso es un arma de doble filo”, asegura Dou You, una joven de la etnia Akha. “Es cierto que las minorías no tenemos cupos para entrar a la universidad, pero eso también va encaminado a que nos asimilemos. La única educación a la que podemos acceder es a la que proporcionan los Han: en su lengua, dirigida por su gobierno y con sus reglas”.
Desde pequeños, los niños de las minorías étnicas, cuya escolarización ronda el 90% según datos oficiales, acuden a escuelas públicas supervisadas por oficiales Han. Se les enseña el ‘putonhua’, conocido como chino mandarín en occidente, y se les educa en los valores de la patria china: comunismo, unidad nacional, orgullo mundial.
Sorprende encontrar anchas avenidas y modernos vehículos en Jinghong, capital de la región de Xishuangbanna, de mayoría Dai. Aquí los Han son minoría pero, como apunta Li Guo “siguen teniendo el control económico, los mejores puestos de trabajo, y el control político”. Eso sí, el gobierno construye gigantescas infraestructuras que, según los Dai locales, “también les ayuda a la hora de explotar los recursos de la región”. Esas autopistas de seis carriles de las que tan orgullosos están los gobernantes de Beijing comienzan a crear fricciones sociales. Oficialmente, todo el suelo es público y pertenece al estado, por lo que no es necesario expropiar para construir en él. Unas pequeñas indemnizaciones son suficientes. Sin embargo, los campesinos ya están hartos y han comenzado a plantar cara a la Policía. El enfrentamiento ha llegado a tal extremo que el gobierno chino ha llegado a tomar, por primera vez, la decisión de cambiar el trazado de una autopista en el norte del país.
“El Partido Comunista sabe que el milagro chino depende de la estabilidad del país, y que las minorías étnicas suponen una amenaza constante”, dice Koen Varnomelingen. “Si quieren tener el asunto controlado tendrán que cambiar el látigo por la mano tendida. Y como los chinos no tienen un pelo de tontos ya han empezado a hacerlo. En el futuro, las minorías étnicas jugarán un papel más importante en el entramado económico y político del país. Es la concesión que el Gobierno ha de hacer para evitar que las enormes desigualdades sociales exploten sin control”.
Pictogramas en el siglo XXI Z. Aldama La belleza del paisaje es asombrosa. Combina terrazas de arrozales y alta montaña. Hace frío, y los naxi caminan enfundados en sus gruesos trajes azules. El norte de Yunnan, en la frontera con Tíbet, es el único lugar del planeta en el que una etnia mantiene viva la escritura pictográfica. Es el 'dongba', considerado por los filólogos como una de las formas de expresión grafica más arcaicas. La escritura consiste en unos 1.400 símbolos, de los cuales el 90% son pictogramas, como los del antiguo Egipto. Algunos también son utilizados por su similitud fonética con el chino putonghua, clara evidencia de la asimilación étnica existente. Desafortunadamente, son muy pocos los versados en esta lengua. La escritura comenzó un importante declive con la llegada al poder de los comunistas, en 1949, y durante la Revolución Cultural de los sesenta se eliminó casi por completo, destruyendo incluso muchos de los manuscritos de los Naxi. Ahora, sin embargo, el Gobierno está tratando de recuperarla, en un intento por demostrar su afecto hacia las minorías nacionales. Sin embargo, sólo 1.700 de los 300.000 integrantes de la etnia es capaz de descifrar el significado de los escritos. Para el resto se ha inventado el ‘geba’, una alfabetización fonética del original, que comienza a extenderse entre una juventud que se debate entre la tradición y la postmodernidad.
Aromas del sudeste asiático Z. A. A un Akha se lo distingue en la lejanía. Más aun si se trata de una mujer. El tocado tradicional incluye una compleja mezcla de monedas de plata antiguas y elaborados cordones de colores sobre una tela negra. El resto del traje típico también incluye adornos metálicos, aunque se compone en su mayor parte de delicadas filigranas llenas de un brillo y un color que contrastan con fuerza contra el fondo oscuro. Para los Akha, el atuendo es también una fuente de información acerca de la persona que lo viste. Por la decoración pueden saber si el portador esta casado o no, el grupo de edad al que pertenece, y la clase social de la familia. Por otro lado, los Akha parecen eternamente unidos a un cesto que portan a la espalda, prueba de su unión con el campo y de las costumbres ancestrales que aun perviven. Son, además, un pueblo sin estado, repartido por varios estados del sudeste asiático, entre ellos Myanmar, Tailandia, y el sur de China. Y sin tabúes. A los jóvenes se les envía a la ‘casa de las flores’ cuando alcanzan la pubertad. Allí mantendrán sus primeras relaciones sexuales, algo completamente habitual. Eso sí, los padres todavía tienen la última palabra sobre el candidato a cónyuge.
Guerreros reconvertidos Z. A. En China solo habitan unos 350.000 ciudadanos Wa. El resto, hasta algo más de un millón, se encuentra en la región fronteriza conocida como el Triangulo del Oro, donde Myanmar confluye también con los estados de Tailandia y Laos. Tal es su influencia en la antigua Birmania que una de sus provincias, de las más conflictivas, lleva su nombre. La cultura y la economía de esta etnia giran en torno a dos productos que crecen en las espesas junglas de la zona: el bambú y el opio. Este último crea graves tensiones entre los Wa y los gobiernos de la zona que, a pesar de sus intentos por reconvertir las plantaciones, no consiguen cambiar sus costumbres agrícolas. Al cultivo del opio se unen las tensiones que crean las aspiraciones independentistas en Myanmar. Los Wa han luchado con las armas durante muchos años por tener un estado propio, lo cual ha hecho que el número de viudas y huérfanos sea mayor que en otras etnias. Sin embargo, en China su existencia es relativamente tranquila. Eso sí, hasta 1970, tenían por costumbre decapitar a sus enemigos y colgar sus cabezas a la entrada de los pueblos como señal de advertencia y de poder. También se llevaban a cabo sacrificios humanos para aplacar a los dioses de la naturaleza e impedir así las inundaciones o sequías. La llegada del comunismo a China en 1949 supuso un cambio forzado en sus costumbres, y la pacificación de un grupo esencialmente guerrero. Actualmente, los Wa conviven en paz con otras etnias, pero rara vez se mezclan con ellas.
Escultores de las montañas Z.A. No sólo las regiones fronterizas acogen a minorías étnicas en China. En el centro viven, entre otros, los Yao, quienes dieron forma al ‘Espinazo del Dragón’ hace más de un milenio. El más espectacular de los bancales de arroz del planeta es una asombrosa obra de ingeniería que incluso ahora sigue dando sus frutos. Sin embargo, hasta la llegada del comunismo, los Yao no contaban con lenguaje escrito. Para comunicarse solían hacer marcas en los troncos de los árboles o en las cañas de bambú. Se trataba de escuetos mensajes ligados al trabajo agrícola. La revolución de Mao trajo el chino putonghua y, actualmente, los Yao pueden transcribir fonéticamente su propio idioma con el método conocido en China como ‘pinyin’, al estilo de los Naxi. Los poblados Yao son pequeños y abigarrados grupos de casas. Las viviendas son amplias, y cuentan con dos plantas: una estancia de gran tamaño, a modo de salón, y una pequeña en la que se encuentra la cocina forman la planta baja, mientras que la segunda contiene los dormitorios, uno para los padres y otro para los hijos. Las puertas permanecen siempre abiertas, prueba de la unión que existe entre los habitantes del poblado. Los Yao funcionan por comunidades, no existe el concepto de individualismo. La siega del arroz, por ejemplo, se hace parcela por parcela. Todo el pueblo trabaja en el terreno de una familia para moverse, a continuación, al siguiente. Parece mentira que eso suceda en el mismo país en el que se encuentran ciudades como Shanghai y Pekín, espectaculares monumentos al capitalismo.
Maldivas frente al cambio climático (Publicado en VOCENTO el 17-11-2008)Se compra suelo patrio
Maldivas pretende hacer frente a su posible hundimiento debido al cambio climático comprando tierra en otros países.
Zigor Aldama – Shanghai
Su nombre es conocido por dos razones que ahora se dan la mano. El turismo y el cambio climático. Las 1.200 islas de Maldivas son un paraíso maldito. Sus aguas cristalinas, que cubren algunos de los arrecifes de coral más espectaculares del mundo, y sus playas de arenas blancas salpicadas de exóticos bungalows de paja y madera atraen a hordas de turistas que crean unos ingresos cercanos a los 800 millones de euros anuales. Pero, por otro lado, el aumento del nivel del mar como resultado del calentamiento global del planeta puede hacer que, para 2100, el territorio de este núcleo turístico del sur de Asia quede completamente inundado.
Para ese año, el nivel del mar habrá crecido 59 centímetros, lo cual dejaría el 70% del territorio bajo el agua, algo que ya provocó el tsunami de diciembre de 2004. Esta vez, la alerta la ha dado el Consejo para el Cambio Climático de Naciones Unidas, y el gobierno de este país de 400.000 habitantes y 300 kilómetros cuadrados, en el que el punto más elevado sólo se encuentra a 2,4 metros del nivel del mar, no ha tardado en responder con una curiosa propuesta.
Desde ahora, comenzará a destinar una partida anual de los ingresos por turismo para comprar tierra en otros países, con el objetivo de que sus habitantes se muden allá en caso de que su territorio se convierta en Historia. “No podemos hacer nada para cambiar el calentamiento global, así que lo mejor es buscar alternativas para la tragedia que se avecina, y adquirir una especie de póliza de seguros para nuestra población”, asegura Mohamed Nasheed, el primer presidente democráticamente elegido, que tomó posesión de su cargo el martes. Según el rotativo indio The Hindu, el nuevo Ejecutivo de Maldivas ya ha encontrado algunos estados receptivos. Entre ellos podrían encontrarse Sri Lanka e India, candidatos por su proximidad geográfica y cultural, aunque también se baraja la posibilidad de comprar territorio australiano, ya que se trata de un país vasto con una gran parte de territorio desocupado.
Pero la pregunta que se hace la población de Maldivas es qué estatus tendrán en un país cuya nacionalidad no poseen. “¿Qué seremos si nuestro territorio desaparece? ¿Nos permitirá alguien rehacer nuestro estado en el suyo?”, se preguntaba en el periódico The Hindu una mujer de la capital, Male. Algunos grupos ecologistas, como Amigos de la Tierra, critican que los estados como Maldivas sean dejados a su suerte después de sufrir un proceso de cambio climático provocado por los países industrializados: “Esta decisión sienta un preocupante precedente que puede ser seguido por otros lugares que se ven amenazados”, explica Tom Picken, director del departamento de Cambio Climático de la organización.
En 1992, el caso de Maldivas comenzó a ser utilizado como ejemplo de las dramáticas consecuencias de un posible crecimiento del nivel del mar. Sin duda, sufrirá daños mucho antes que ciudades como Londres, Nueva York o Shanghai, algunas de las que también están en alerta roja por el mismo problema. De hecho, Male ya es una ciudad cercada por muros de contención donados por Japón. Ante el aciago augurio de los ecologistas, ese mismo año, un grupo de estados insulares en similares condiciones creó la Alianza de Pequeñas Islas-Estado, que ha intentado con poco éxito que las potencias industriales reduzcan sus emisiones de CO2. Ahora, ya sólo piensan en la emigración forzosa. November 13 Opinión sobre la crisis (Publicado en DEIA el 10-11-2008)La limpieza de la crisis Zigor Aldama – Periodista, especialista en Extremo Oriente
Hay ocasiones en las que es necesario un cambio. Ha sucedido en Estados Unidos con Barack Obama, y está sucediendo también con la crisis financiera que tiene al mundo entero temblando. Muchos se contentan despotricando contra las grandes entidades financieras que han sido el detonante de la actual situación y evitan así mirarse al espejo. Sucede con empresas e individuos. Con quienes sufren las consecuencias de estrategias completamente erróneas en el caso de las primeras, y con los que han vivido muy por encima de sus posibilidades en el caso de los segundos.
Sin embargo, tras la cortina de humo del fracaso de la banca con las ‘subprime’ se encuentra la cruel realidad de un sistema insostenible que ha tenido exceso de ladrillo y falta de cerebro. Se han lucrado los mediocres a través de chanchullos inmobiliarios con la connivencia de políticos corruptos, y una intermediación desmedida, y ha faltado una política de país coherente. Ahora, España se prepara para afrontar un año negro, el próximo, en el que las cifras de paro se asemejarán a las de las peores pesadillas. El Gobierno Vasco parece confiar en que la solidez industrial de Euskadi impida la debacle, pero habrá que esperar para ver si ese optimismo es justificado.
Desde China, la situación se ve negra. Obviamente, aquí no se pueden mencionar nombres, empresas, o entidades, pero casi todos coinciden en que es mejor que nos agarremos a los reposabrazos con fuerza para pasar las turbulencias. Curiosamente, también son los más pesimistas quienes aseguran que no sólo nos hemos ganado lo que está sucediendo, sino que, además, supondrá una reestructuración de gran calado que es necesario poner en práctica cuanto antes. Mejor dicho, que habría sido necesario poner en práctica hace mucho tiempo. Ahora no queda alternativa, y sólo aquéllos que cuentan con una estrategia sólida sobrevivirán. Eso supone consolidar un buen proyecto de internacionalización y atacar diversos mercados que hagan de colchón a la bajada de la demanda occidental. Adiós a quienes vinieron a Oriente para producir más barato y vender en casa.
Y, también, adiós a las fábricas chinas que explotaban a sus trabajadores para conseguir producto de bajo valor añadido barato. La apreciación del yuan, unida a la vertiginosa caída del euro frente al dólar y a la de la demanda de los mercados tradicionales de estas empresas, está impulsando una nueva revolución tecnológica en China. Lo que Euskadi hizo en 20 años, China tendrá que conseguirlo en dos o tres, si quiere mantener una frágil estabilidad social que ahora amenaza el paro. La crisis, muchos reconocen, pondrá a cada cual en el lugar que se merece. Menos a los verdaderamente adinerados, claro, que siempre sacan tajada. Dentro de poco, cuando la bolsa toque fondo, será el momento en el que entren en acción quienes todavía tienen liquidez, en busca de las gangas que aparecen en cualquier crisis.
Y en este escenario China puede jugar un papel protagonista, ya que cuenta con casi un billón de dólares en reservas de divisas. Aunque, de momento, está manteniendo una actitud conservadora, no sería de extrañar que los chinos se tomaran la revancha y comenzaran a comprar, a precio de saldo, acciones en las empresas occidentales. Hace unos años, a la petrolera china CNOOC se le impidió comprar la estadounidense UNOCAL. Ahora, sin embargo, no es momento de poner trabas al dinero chino. El capitalismo estadounidense ha fracasado, y a los chinos les da la risa. Pero contenida, porque ellos también pagarán las consecuencias. Eso sí, posiblemente de forma más suave y para salir fortalecidos.
Mientras tanto, en España se van desplomando los pilares que han sustentado el espejismo económico: la construcción y el consumo interno se van, literalmente, al carajo. Y, con ellos, todo lo que los rodea. Ahora es deber del Estado rastrear esos fajos de billetes de 500 euros que tanto se han movido, seguramente de camino a Suiza, las Bahamas o cualquier otro paraíso fiscal, y vigilar que las empresas no hagan uso de la coyuntura para despedir injustamente a sus empleados. Es obvio que el trabajador es quien va a pagar las consecuencias, en China, en Euskadi, y donde sea. La diferencia es que en nuestro país está entrampado a 50 años y en China tiene el colchón forrado de billetes.
Pero el miedo es mal consejero, y hay mucho de psicológico en esta crisis. Dejar de consumir de un día para otro, o sacar los ahorros del banco son ejemplos de lo que puede dar la puntilla a esta delicada situación. A pesar de todos los errores cometidos, es mejor confiar en la solidez del Estado que sumarse a una desbandada a la argentina. Vienen tiempos duros, y su duración dependerá de que las cosas se hagan bien. Es hora de quitarse los ladrillos de la cabeza y poner a funcionar las neuronas. November 11 Foto trucada Corea del Norte (Publicado en VOCENTO el 10-11-2008)Un dictador de pega Corea del Norte trata de eliminar los rumores sobre estado de salud de su líder con una foto trucada.
Zigor Aldama – Shanghai
Está visto que en Corea del Norte todavía no han formado maestros del photoshop. Ni siquiera las fotografías que deben demostrar el buen estado de salud de su líder, el presidente Kim Jong-il, han conseguido engañar a nadie. Aunque los expertos en imagen digital han tardado unos días en dar con la trampa. El pasado miércoles el gobierno norcoreano difundió una escena en la que el pequeño dictador preside dos unidades militares, teóricamente tomada dos meses después de haber sufrido un supuesto infarto cerebral del que podría haber sido operado. A primera vista se trata de una foto de familia tradicional: varias filas de uniformes marrones entre las que destaca la chaqueta beige del dirigente comunista. Pero una mirada más detenida revela ciertas incongruencias técnicas que provocan aún más dudas sobre el estado de salud de Jong-il.
Han sido los editores del rotativo británico The Times los primeros en descubrir la trampa. En primer lugar, es evidente que hay una delgada línea negra por todo el escalón frente al que posa el presidente norcoreano. Excepto entre su figura y las dos que la flanquean, momento en el que desaparece como por arte de magia. Podría ser una coincidencia, e incluso una marca para señalar el lugar que tenía que ocupar el líder, pero, además, la sombra que proyectan las piernas del resto de los militares difiere con la de Jong-il, que resulta mucho más vertical.
Abierta la veda, otros medios de comunicación, como la BBC, han destapado algún detalle más complejo, pero que resulta determinante para concluir que se trata de una imagen falsa: los píxeles en torno a los pies del dirigente no concuerdan con los del resto de la fotografía, muestra de que su retrato ha sido ‘pegado’ al conjunto. Ahora, el escrutinio se centra en el resto de las imágenes difundidas por la prensa estatal, embarcada en una campaña de difusión de fotografías para demostrar que el hijo del Gran Líder continúa vivo. No sería la primera vez que se manipula una imagen en Corea del Norte. Ya se hizo con la silueta del padre del actual presidente en lo alto de la montaña Paektu, un símbolo nacional.
Pero lo cierto es que la instantánea de la revista a la tropa ha conseguido exactamente todo lo contrario de lo que pretendía. Coge fuerza la teoría de que Kim Jong-il, de 66 años, está gravemente enfermo. Y tampoco faltan los rumores sobre su posible muerte, futura o pasada. El problema para el régimen de Pyongyang reside en la falta de un sustituto claro capaz de continuar con la línea de quien ha conseguido mantener al mundo en vilo y a Corea del Norte completamente aislada del mismo, o de impulsar un cambio como el que vive China desde hace tres décadas. El anuncio de su fallecimiento podría resultar en un caos, por lo que, aunque fuera de las fronteras del hermético estado se descubra la chapuza del montaje, es muy posible que la imagen sirva para contentar a la audiencia norcoreana. Al fin y al cabo, de algo tienen que servirle a Kim Jong-il todos sus esfuerzos por mantener a sus ciudadanos en una total ignorancia. November 09 Home Stay (Publicado en VOCENTO el 08-11-2008)Como en casa
Zigor Aldama - Shanghai
Es imposible resistirse a su belleza. La jungla del norte de Tailandia combina la exuberancia de la naturaleza en estado salvaje y el exotismo de las numerosas minorías étnicas que la pueblan. Es el lugar ideal para amantes del 'trekking' y de la aventura, pero también para quienes disfrutan de la incomparable sensación de sumergirse en culturas que tienen muy poco que ver con la propia. Sin embargo, la frontera con Myanmar (antes Birmania) es también una de las zonas más inestables del país, hogar de traficantes de personas y de drogas, y foco de tensiones entre ambas naciones. No obstante, el reciente establecimiento de eficaces controles por parte del Gobierno tailandés ha hecho florecer un nuevo estilo de turismo alejado de los circuitos tradicionales y que permite la combinación de cultura y aventura: es el 'home stay' (la estancia en hogares locales). Se puede practicar en cualquier parte, pero es una forma de viajar que sobresale en países en vías de desarrollo y en lugares en los que habitan grupos sociales minoritarios o de difícil acceso.
En el caso de esta iniciativa, impulsada por la Fundación Mirror, apoyada por la Organización Internacional del Trabajo, hay un doble objetivo: por un lado, acercar las culturas de las minorías étnicas a las occidentales y, por otro, proporcionar a poblaciones depauperadas una forma de vida que las aleje del fantasma de la prostitución y de la explotación laboral. Aunque este tipo de turismo -que proporciona alojamiento en poblados reales y en condiciones idénticas a las de los locales- está dirigido a un público joven, independiente y concienciado, lo cierto es que va ganando adeptos en todos los estratos de edad. Ahora, con la crisis económica, resulta si cabe una forma más atractiva de conocer mundo, ya que su costo supone una fracción del equivalente a un viaje organizado 'de toda la vida'.
En la jungla
Liz, de 27 años y nacionalidad estadounidense, aterrizó en el caluroso aeropuerto de Bangkok en busca de sol y playa. Desde la capital tailandesa, el mayor núcleo turístico del continente, reservó alojamiento y diversas actividades en las paradisíacas playas del sur del país. Al cabo de dos días, escapó horrorizada. «Buscaba descanso, pero también una atmósfera exótica. Sin embargo, me encontré inmersa en un ambiente totalmente anglosajón, con decenas de jóvenes vestidos con camisas de palmeras viendo los partidos de la 'premier league' inglesa en pantallas gigantes, bien armados de litros y litros de cerveza. Algo muy decadente. Los paisajes son maravillosos, pero el turismo masificado es una pesadilla», relata.
Fue entonces cuando el responsable del 'bungalow' en el que descansaba le comentó la posibilidad de hacer un tour por el norte del país, visitando a minorías étnicas de nombres tan sugerentes como el de las 'mujeres jirafa'. «Decidí probar suerte y volé a Mae Hong Son, en el extremo noroccidental de Tailandia».
Junto a Liz, una decena de turistas, de edades comprendidas entre los 16 y los 65 años, tuvieron la ocasión de visitar poblados de minorías étnicas en un 'tour' de cuatro días. «Todas las noches nos alojábamos en casas típicas preparadas para el turista, equipadas con aire acondicionado y agua caliente y nos transportaban en cómodos minibuses. Los poblados parecían más un espectáculo que algo real, pero esta versión 'light' del 'home stay' es quizá lo más adecuado para quienes todavía recelan de la seguridad de la zona o, simplemente, desean disfrutar de comodidad». La experiencia no consiguió saciar por completo la curiosidad de Liz. Animada por uno de los guías, exploró la página web de la Fundación Mirror y decidió probar su 'viaje al corazón de las tribus'.
Ni electricidad, ni agua corriente. Una pequeña estera para dormir, y una dieta a base de arroz y vegetales. El gallo como despertador, a las cinco de la mañana, y caminatas de varios kilómetros a través de la frondosa jungla de la provincia de Chiang Rai, en compañía de mujeres que van a por agua al río y de hombres que se adentran en busca de materiales de construcción: madera y bambú. Es la vida real, sin edulcorantes. Aquí son pocos los que visten de forma tradicional y las ropas de quienes aún mantienen la costumbre no tienen nada que ver con los impolutos vestidos de los poblados turísticos. Tampoco hay tiendas de 'souvenirs', ni locales en los que degustar una hamburguesa. «Se echan de menos ciertas comodidades -explica Liz-, pero no hay otra forma de entender cómo vive esta gente, cuya renta no alcanza los 500 euros al año. Y es una experiencia que nos impulsa a valorar más lo que tenemos, y a ser más conscientes del mundo que nos rodea».
A Liz, al igual que a Hitomi y Sayuri, dos recién licenciadas japonesas de 22 años, no les queda otro remedio que ducharse en un pequeño cercado de bambú con un cazo de plástico, y hacer sus necesidades en un agujero en el suelo con una sinfonía animal flotando en el ambiente. «No somos masoquistas, ni mucho menos, queremos sentir una forma de vida diferente, alejada de la estresante vida urbana, que nos acerque a personas que, de otra forma, sólo conoceríamos por documentales», comenta Hitomi. En Japón, el 'home stay' es una tendencia muy extendida entre los recién graduados. «Se considera un complemento a la educación académica, además de una forma constructiva de hacer turismo», añade Sayuri.
Aye es responsable de la confección de los itinerarios, y de la negociación con las familias que están dispuestas a dar cobijo a los turistas. «El 'home stay' es una ayuda muy importante para los poblados de las minorías étnicas de la zona. Es una fuente de ingresos esencial para una población que vive de la agricultura de subsistencia y que se enfrenta a peligros como el tráfico de personas. El número de turistas que deciden convivir con esta gente aumenta alrededor del 50% cada año, y cada vez recibimos a gente de mayor edad. Su aportación es más que un grano de arena para el desarrollo de esta región. Es un turismo concienciado y muy beneficioso para la comunidad».
Bajo las estrellas
A 3.000 kilómetros de distancia de la provincia de Chiang Rai, en la interminable estepa de Mongolia, las opciones son escasas. La estancia en familias nómadas se convierte en una necesidad cuando no hay ningún tipo de infraestructura hotelera en cientos de kilómetros a la redonda. Por esta razón, el 'home stay' tiene una aceptación espectacular entre los turistas que se acercan al país de Gengis Khan, cuyo número crece sin cesar a pesar de las turbulencias políticas que sacuden el territorio, una superficie tres veces la de Francia con una población similar a la del País Vasco.
Son muchas las opciones que ofrecen las agencias de viaje, tanto locales como internacionales: desde recorridos en antiguas furgonetas rusas que en sí solas ya proporcionan una aventura, haciendo noche en la tradicional yurta mongola más cercana, su vivienda, experimentando así la excepcional hospitalidad del país; hasta recorridos en flamantes 4X4, hospedándose en poblados de yurtas confortables preparadas para los paladares más exigentes. En Mongolia, a diferencia de otros países, el mayor incentivo para los visitantes no se encuentra en museos o monumentos, sino en la forma de vida de su población, inalterada desde hace siglos, y en los sobrecogedores paisajes de una tierra salvaje, a la que todavía no han llegado los postes de la electricidad ni las antenas para los móviles.
Cae la noche sobre la estepa del centro del país. Tander, Toya y Delgerma tienen que agrupar a sus animales en los cercados. La temperatura cae en picado. Alex y Yolanda, dos jóvenes catalanes, observan con atención el trabajo de la familia nómada. La pequeña Itchko, de cinco años, los mira con intensa curiosidad. «El 'home stay' no sólo abre los ojos occidentales a culturas diferentes, también informa a los lugareños sobre otras formas de vida», comenta Anar Chack, guía e intérprete de la pareja española, que se ha decidido por la opción de la furgoneta rusa de manguitos podridos.
En el interior de la yurta no hay división alguna. La privacidad es un término desconocido para los nómadas. La vivienda es una construcción circular con un esqueleto de madera y un revestimiento de pieles y tela. La familia compartirá su espacio vital con los tres visitantes, que son agasajados con yogur elaborado con leche de yegua -y con algún pelo distraído que otro-, y con queso de cabra cuya dureza puede competir con la de una piedra. Para regar tan delicioso banquete, nada mejor que unos tragos de vodka, a la salud de los invitados.
Un manto de estrellas de una densidad desconocida ilumina la planicie. El mercurio del termómetro coquetea con el cero, pero no es razón suficiente para impedir que Alex y Yolanda disfruten del espectáculo tumbados sobre la alfombra verde de la estepa. «El silencio total, y la completa compenetración con la naturaleza sin dependencia alguna de la tecnología, parecen hoy algo imposible. Sin embargo, convivir con estas familias nos ha demostrado que no. Este viaje nos dará mucho que pensar. No volveremos a ser los mismos después», asegura ella.
La pareja española tiene claro que esta forma de viajar se extenderá rápidamente entre los jóvenes. «Cada vez se tiene menos miedo a viajar a países asiáticos, y somos muchos los que no queremos encerrarnos en la rigidez del clásico 'tour', explica él. «Queremos conocer la realidad de estos lugares de primera mano y, si además, contribuimos directamente al bienestar de gente que tanto lo necesita, mejor». November 03 Megaciudades en Asia (Publicado en VOCENTO el 03-11-2008)Infiernos de asfalto China prepara una nueva reforma agraria que puede provocar un éxodo rural que nutra aún más las megaciudades del país, un fenómeno que se reproduce de Tokio a Nueva Delhi.
Zigor Aldama
Tienen más de seis millones de habitantes. Son bombas de relojería detonadas por complejos mecanismos sociales y económicos. Verdaderas junglas de asfalto en las que gentes de toda condición luchan por su espacio y su supervivencia. Lugares en los que reina el anacronismo. Hogar de los rascacielos más modernos del mundo, y de las chabolas más rudimentarias. Exponente del más preciado legado cultural, y del neoliberalismo más feroz. Terreno para gigantescos complejos residenciales de lujo, y para la actividad de todo tipo de mafias. Tráfico de personas, estupefacientes y armas frente a pujantes centros comerciales. Burdeles de mala muerte junto a magníficos centros de belleza. El lugar en el que los extremos se dan la mano. Seis de las diez ciudades más pobladas del mundo se encuentran en Asia, y la proporción va en aumento. La reforma agraria propuesta por la Asamblea Popular China no hará sino alentar la emigración rural que nutre las gigantescas urbes del siglo XXI. El país de Mao y el de Gandhi serán los que acojan las mayores aglomeraciones urbanas en 2015. El mito de México D.F. tiene los días contados.
Hong Kong, siete millones de habitantes, ocho de la tarde. El neón toma el relevo al sol. Las calles, hasta entonces casi despobladas, se llenan de vida. Los monótonos pitidos de los semáforos marcan el ritmo de una población ávida de gastar el dinero. Se llenan los centros comerciales y los grandes restaurantes. Abren sus puertas los clubes de lujo. En esta ex colonia británica habitan tres de los veinte hombres más ricos del planeta. Y se estima que un 15% de la población es millonaria. En euros.
En la otra cara de la realidad, el mendigo que rebusca entre los contenedores de basura situados en el exterior de un imponente edificio de 50 plantas. Está vestido, literalmente, con bolsas de basura que dejan ver más de lo que tapan. Encuentra una lata de atún. Rebaña su contenido y la introduce después en una de las cajas de cartón que empuja con un rudimentario carrito. Se trata de uno de los muchos ‘recicladores’ extraoficiales de la ciudad. Chatarreros y recogedores de cartones que hacen de las sobras de la riqueza su modo de vida. A su lado, no dejan de pasar vehículos de lujo y ejecutivos de Armani.
Zhou Shizhen tiene un buen trabajo. Su renta anual es de 32.000 euros, un 30% más que la media de España. Sin embargo, con ese poder adquisitivo sólo le alcanza para pagar el alquiler de un diminuto y destartalado apartamento de Kowloon, la parte continental de Hong Kong. Se trata de un piso de 43 metros cuadrados en un gigantesco bloque de viviendas de 47 plantas, algo habitual en la ex colonia. “Aquí son habituales los complejos residenciales de 500 familias. Vivimos hacinados pero, eso sí, con los últimos avances en tecnología”, comenta con ironía. Su iPhone 3G contrasta con un frigorífico anticuado, un cuarto de baño más propio del tercer mundo, y un sofá lleno de parches. Ahora, poco a poco, se va viendo relegado por inmigrantes chinos, que van traspasando en silencio la frontera que separa la ex colonia británica y el continente, teóricamente un mismo país. La reforma agraria, dice, “sólo empeorará las cosas”. Ciudades de más de diez millones, como Chongqing, Tianjin, Guangzhou y Shenyang están ya a punto de explotar.
El límite del extremo
Dos mil kilómetros separan Hong Kong de Calcuta, explosivo cóctel de 15 millones de almas. La escenificación del infierno sobre la tierra. Un lugar más allá del extremo. Calles cubiertas de cuerpos ennegrecidos por el sol, pieles curtidas y ojos sin brillo. A las cinco de la madrugada, el asfalto de la capital del estado de Bengala se asemeja a una fosa común. Miles de personas descansan sobre él enrollados en mantas y sábanas. Algunos perecen durante la noche y son recogidos por los servicios municipales dedicados a ello. Apenas amanece, la segunda ciudad más importante de India es un cementerio viviente.
Pero sólo para algunos. Hay quienes pueden permitirse disfrutar de los últimos modelos de Mercedes, o vestir saris bordados en oro y adornados con piedras preciosas. Ha nacido, también, una pujante clase media de jóvenes informáticos y empresarios que han encontrado su lugar en el mundo globalizado. Hombres y mujeres que disfrutan de los cada vez más numerosos establecimientos de ocio para la elite india, en un país que, según Naciones Unidas, tiene una de las mayores bolsa de pobreza del mundo. En ciudades como Calcuta, Nueva Delhi o Mumbai, esa bolsa se desborda. Las tres dan cobijo a más de diez millones de personas, de las cuales alrededor de un tercio vive en la pobreza más extrema.
Es el caso de la familia de Kumar, un hombre de 32 años que vive en la calle con toda su familia. Una acera es su hogar. Tiene tres hijos, el más joven de pocos meses. Vive con su mujer y con los padres de ambos, y hurgan en la basura de uno de los vertederos de la ciudad. El sucesor de mayor edad, de siete años, lo acompaña en su tarea mientras la madre y los ancianos mendigan en las congestionadas avenidas de Calcuta. Cocinan y comen en su trozo de asfalto, y sobreviven a duras penas. Son un ejemplo de las miles de familias que han abandonado el campo para buscar un futuro más halagüeño en la gran ciudad. “Ya no podemos volver”, se lamenta Kumar. “No hay trabajo, no hay esperanza. Sólo espero que mis hijos puedan vivir en mejores condiciones”. Ninguno de ellos está escolarizado. “Si fueran al colegio, ¿quién nos ayudaría a conseguir dinero?”, pregunta la madre que, llevada por la desesperación, aprovecha su aún atractivo físico para ejercer la prostitución cuando se le presenta la oportunidad. Cobra alrededor de 50 rupias por servicio (1 euro). Su caso se repite en otros gigantescos núcleos urbanos de la región, como Dacca, la capital de Bangladesh, o Karachi, la capital económica de Pakistán.
En todas ellas, las nuevas zonas residenciales, protegidas por seguridad privada y equipadas con todo tipo de amenidades, no tienen nada que ver con las escenas de los depauperados suburbios. Se trata de un mundo paralelo, aislado de la dura realidad de la mayoría de la población. Oasis de paz en un desierto tumultuoso. Impecables piscinas, pequeños parques, modernos gimnasios y selectos clubes son habituales dentro de sus fronteras electrificadas. Incluso, parece como si la polución atmosférica no se atreviera a penetrar en ellas.
El lado oscuro
Manila, doce millones de habitantes. Bangkok, nueve millones. Miles de calles por las que fluye la vida. Mareas de vehículos que confluyen y divergen. Un caos tan atractivo para unos como repulsivo para otros. Un impecable hombre de negocios conversa por su móvil a la vez que trata de espantar a un mendigo que busca algo de su dinero. Un puntapié. Turistas de decenas de nacionalidades se fotografían frente al Intramuros de la ex colonia española o frente al exuberante Palacio Real de la capital tailandesa. Una hora para medianoche. El neón ya parpadea entre las sombras y los taxistas se afanan en conseguir que sus clientes se dirijan hacia Patpong, uno de los centros de la piratería y de la prostitución de Bangkok, o hacia alguna ‘casa’ de jóvenes prostitutas de Manila. Exiguas minifaldas, ceñidos pantalones, miradas lascivas y besos que flotan en el aire.
“No hay nada que no se pueda comprar en las grandes ciudades asiáticas”, comenta el gerente de un burdel de lujo de Bangkok, la meca del turismo, sexual y lúdico, en el sudeste asiático. Pero no sólo sucede en países en vías de desarrollo. Singapur, una reluciente ciudad-estado de seis millones de habitantes, paradigma de la riqueza de la región, se ha visto sacudida en muchas ocasiones por escándalos protagonizados por adolescentes que se prostituían para obtener bienes de consumo.
A la prostitución se une el tráfico de drogas, una actividad castigada con la pena de muerte en todo el continente. A pesar de ello, al caer la noche, ciudades como Yakarta, capital de Indonesia y una de las urbes más inseguras del sudeste asiático, en la que conviven doce millones de personas, se convierten en un polvorín. Redadas de policías, muchos de ellos corruptos y armados hasta los dientes, sangrientos enfrentamientos entre bandas rivales, y delincuencia organizada se apoderan de las noches en las grandes aglomeraciones metropolitanas. Son lo más cercano al infierno en la Tierra.
Riqueza y desarrollo Z. Aldama Tokio, 28 millones de habitantes, el área urbana más poblada del planeta. Osaka, nueve millones. Seúl, once. Singapur, seis. No todas las megaciudades de Asia son ejemplo de desigualdades sociales. Las capitales de Japón y Corea del Sur son un buen ejemplo de ello. A pesar de la incidencia de la prostitución, en muchos casos de esclavitud sexual, y de la delincuencia organizada, conocida como ‘yakuza’ en el país nipón, estas dos ciudades marcan la pauta que al resto le gustaría seguir. Avenidas limpias y ordenadas, civismo y un cuidado entorno medioambiental son también la tónica en Singapur y Osaka.
Parece como si los monótonos pitidos de los semáforos marcasen el ritmo de las calles. Ritmo pausado en las zonas residenciales, y frenético en los centros financieros y comerciales. El canto de los pájaros de los suburbios de Tokio, formados en su mayoría por pequeñas viviendas de dos o tres plantas, contrasta de forma brutal con la atronadora música techno que mana de las tiendas de moda de los barrios de Shinjuku o Ginza. Lo mismo sucede con la arteria principal de Singapur, Orchard Road. Un río de dinero recorre los miles de establecimientos que la forman. Ostentosos centros comerciales que llegan, incluso, a utilizar la plata para sus pilares de la entrada.
La estela de Singapur es la que desea seguir la capital china, Pekín, con sus 13 millones de residentes trabajando sin descanso para mostrar al mundo lo mejor del país con motivo de los próximos juegos olímpicos, los de 2008. El proceso de convertir una ciudad enmarañada en una gran urbe moderna necesita de un esfuerzo titánico. Pero los chinos no se lo piensan dos veces. Las máquinas excavadoras pasan por encima de la historia para hacer una nueva. Los pequeños barrios antiguos, conocidos como ‘hutones’ caen ante el ataque de los bulldozers, hambrientos monstruos al servicio de la globalización. Sobre sus escombros, nacen rascacielos, estadios y gigantescos bloques de viviendas en los que, como dicen los mayores, “no hay baños comunitarios, ni lugares para jugar al ‘mahjong’ con los amigos”.
La altura proporciona un oasis de calma. Divisar estas monstruosas ciudades desde la Torre de Tokio, las Petronas de Kuala Lumpur, el ‘Jin Mao’ de Shanghai, o desde cualquiera de los rascacielos de Boat Quay en Singapur, otorga una sensación de calma y de poder difícil de conseguir en cualquier otro sitio. El lugar adecuado para disfrutar de la belleza del asfalto, del atractivo del caos, y del frenético ritmo del siglo XXI. Las alturas están dominadas por el silencio, el orden y la perspectiva, todo lo que falta en la superficie.
Las diez mayores aglomeraciones urbanas (2007/2015) 2007 Tokio: 26 millones. México D.F.: 18,6 millones. Nueva York: 18,2 millones. Sao Paulo: 17,8 millones. Mumbai: 17,4 millones. Delhi: 14,1 millones. Calcuta: 13,8 millones. Buenos Aires: 13 millones. Shanghai: 12,7 millones. Yakarta: 12,2 millones. 2015 Tokio: 36,2 millones. Mumbai: 22 millones. Delhi: 20,9 millones. Shanghai: 20,7 millones. México D.F.: 20,6 millones. Sao Paulo: 20,5 millones. Nueva York: 19,7 millones. Yakarta: 17,5 millones. Dhaka: 17,3 millones. Karachi: 16,1 millones. Fuente: Organización de Naciones Unidas (no incluye algunos suburbios en ciertas ciudades por lo que puede diferir con las estadísticas oficiales utilizadas en el reportaje).
October 28 Los 'Meido Cafe' de Japón (Publicado en VOCENTO el 27-10-2008)El cliente manda
Zigor Aldama – Tokio
En Japón hay ocasiones en las que es imposible sacudirse de la cabeza un gran signo de interrogación. Son las extravagancias del Imperio del Sol Naciente, que parecen destinadas a un pequeño grupo de ‘freakys’ y que, en realidad, consiguen la aceptación de un público mucho más amplio. Los meido café son una de ellas. Su historia se remonta más de un lustro en el tiempo, pero es ahora cuando parece que viven su época dorada.
La premisa es simple. Un bar en el que las camareras visten con trajes de sirvienta francesa y muestran una total sumisión hacia el cliente, en su mayoría compuesto por varones. Desde el mismo momento en el que una de ellas abre la puerta y da la bienvenida con un ‘okaerinasai mase’, literalmente algo así como “bienvenido a casa”, el usuario se convierte en el centro de todo tipo de cuidados. Hasta el punto de que, si presenta la publicidad que reparten en la calle otras chicas vestidas de igual forma, la camarera tiene la obligación de dar la comida en la boca del cliente. Éste, en muchas ocasiones, no se corta un pelo e incluso deja que se le caiga algo de sopa para que la joven la tenga que limpiar, siempre con una reverencia.
La popularidad de los meido cafés, que toman su nombre de la palabra inglesa ‘maid’ (sirvienta), es asombrosa. En el barrio tokiota de Akihabara, el corazón electrónico, y pornográfico, del país, se dan cita más de un centenar de este tipo de establecimientos. Ante el ingente número de clientes, muchos cobran sólo por entrar, y algunos tienen incluso lista de espera. Las ‘meido’ han saltado de la hostelería y ahora también abren sus puertas locales de masajes y de juego con sirvientas. Para diferenciarse, algunos negocios han optado por variantes del mismo tema con chicas vestidas de colegialas, y hasta de enfermeras. “Una buena opción, porque, desde luego, los hombres que acuden a estos lugares está enfermos”, comenta Mina Takeuchi, una joven de la capital nipona que acompaña a este periodista a uno de los establecimientos.
Sin embargo, Taki, una de las camareras del café, que acepta hablar con este periódico, no está de acuerdo. “Creo que no hay nada de malo”, asegura. “A mí me gusta satisfacer a los clientes, proporcionarles un respiro de la vida cotidiana, y dejar que disfruten”. Taki, de hecho, participa del popular ‘cosplay’ japonés, que consiste en vestir de forma cotidiana con trajes que en Occidente serían clasificados de disfraz. Esta joven de 19 años prefiere el atuendo de ‘lolita dulce’ cuando no está trabajando, pero reconoce que también le gusta el de sirvienta francesa. “La mayoría de los clientes son amables, y buscan alguien que les cuide y un poco de conversación”.
Para Takeuchi, que trabaja como administrativa en una empresa japonesa, “es una muestra más del machismo japonés combinado con un fetichismo muy arraigado en Japón”. Sin duda, las ‘meido’ no sólo satisfacen las necesidades alimenticias de quie | ||||||||||||||||||||||||||||||||